Historia | Danza Integradora

La Danza Integradora comenzó en Argentina en 1991, con el impulso de la Prof. Susana González Gonz, después de asumir el legado que le dejó la Dra. Gertrude Krombholz de la Universidad de Munich, dictante del 1er Seminario Intensivo de Danza Integradora en silla de ruedas, realizado en Buenos Aires en agosto de 1990. Ese seminario fue sin proponérselo, la antesala de un proyecto que llamó “Todos Podemos Bailar”, al verificar que la Danza tiene el poder de desarrollar las potencialidades dormidas, contactando con la alegría del corazón, más allá del cuerpo que se tenga.

Al finalizar el mismo, compuso con lo aprendido una coreografía con música de milonga, que bailó junto a Demián A. Frontera, (discapacitado motor desde 1988, por una lesión medular cervical 5,6 en un accidente deportivo) como agradecimiento por todo lo recibido. Esa muestra desinteresada, que solo tenía que ver con haber recuperado la alegría, le valió el reconocimiento de la Dra. Gertrude Krombholz para expandir esta actividad en nuestro país y participar en la Conferencia Internacional y Campeonato Europeo de Danza en silla de ruedas en Munich, en enero de 1991. En dicha oportunidad, presentó una milonga y un tango que bailó con Demián Ariel Frontera ante más de 500 personas de toda Europa, en el Sheraton Hotel de Munich, siendo los primeros representantes de América Latina, invitados por la Embajada de la República Federal de Alemania. A su regreso comenzó a difundir esta modalidad de la danza, investigando sobre la inclusión e integración de bailarines con y sin discapacidad, creando una metodología propia, que integra diversas técnicas de Danza Contemporánea, de Conciencia Corporal y Autoconocimiento y Expresión Corporal.



Bailar en silla de ruedas

La súbita discapacidad de un hijo que durante 14 años fue “normal”, plantea encrucijadas de la existencia a las que todos nos enfrentamos aunque no nos demos cuenta: la omnipotencia propia y la médica, nuestra capacidad o discapacidad para aceptar lo distinto, la posibilidad del dolor como maestro, y también la conmovedora potencialidad que nos permite a los seres humanos re-crearnos a nosotros mismos.

Habían transcurrido apenas dos años del accidente y Demián Ariel, no lograba integrarse con sus pares en la escuela. Yo intuí que la Danza Integradora en silla de ruedas, le daría la posibilidad de abrirse a una conexión distinta con su cuerpo y recuperar su autoestima. Así fue, que asistimos al curso dictado por la Dra. G. Krombholz. Como todos los que recibíamos instrucción, docentes y jóvenes estudiantes de distintas áreas, pude por primera vez sentarme en una silla de ruedas sin bronca ni dolor, manejarla y bailar con ella. Entretanto, a Demián le costaba palmear para llevar el ritmo de la música; tampoco le resultaba sencillo manejar su silla, estirar sus brazos y sostenerlos. Pero no pasó mucho tiempo antes que entrara de lleno en el clima de vitalidad y entusiasmo que se había creado.

El rostro y la mirada se le iluminaron; al ritmo del rock, del vals, jazz y otros ritmos, sus movimientos se agrandaban y expandían. Presencié cómo Demián recuperaba la alegría y me reencontré con aquello que ya sabía: la Danza es un decir del cuerpo y del alma que no le pertenece exclusivamente a los coreógrafos y bailarines, sino que es patrimonio de todos. En el cuerpo está el universo y la danza lo manifiesta. En un momento dejé de ver la silla: sólo veía los brazos de Demián que aleteaban como alas, y al arquear la espalda hacia atrás, sus piernas por reflejo, encogiéndose hacia el centro, parecía que se despertaban. Era todo su ser el que demostraba estar vivo.

Puedo decir que también yo recuperé en ese curso, la capacidad de jugar, bailar y divertirme. Es entonces que le propongo hacer una milonga, que bailaríamos al finalizar el curso como regalo a la profesora. La Dra. Krombholz, no sólo participó del impacto y la emoción generada en todos los participantes del curso, sino que nos invitó a participar del evento que se realizaría en Munich al año siguiente.

(Texto escrito por Susana González Gonz en la revista Uno Mismo Nº 150, diciembre 1995.)


Danza Integradora

En unas Jornadas sobre barreras culturales y artísticas, donde nos presentamos, un espectador me preguntó: ¿porqué le pone danza integradora en silla de ruedas, si realmente no es necesario? , yo veo a la persona que baila y no a la silla de ruedas. Entendiendo lo que me quiso expresar por haber vivido la misma experiencia y con la certeza de que todos podemos bailar, seguí trabajando con el nombre de Danza Integradora, incorporando a personas con distinto tipo de discapacidad y distintas técnicas de movimiento, creando una metodología propia.