Historia | Inicios del Proyecto "Todos Podemos Bailar"

“Todos Podemos Bailar” es un proyecto pionero en Argentina que viene desarrollando Susana González Gonz desde 1991, a través de talleres, cursos, seminarios, ponencias y presentaciones artísticas en el país, Chile, Uruguay, Brasil, Cuba, México, Guatemala y Ecuador. Promueve la Danza Integradora, como una posibilidad de transformación social, desde la convicción de que el arte, es integrador por excelencia de diversas áreas de la vida humana, organizador estético de saberes y único lugar donde el ser humano puede ser libre cualquiera sea su condición.
“Todos Podemos Bailar” con el cuerpo que tenemos, desde lo que somos, un cuerpo con posibilidades y limitaciones para poder expresarnos y comunicarnos a través de él, ya que la fuerza interior del espíritu, supera todas las barreras y trasciende la materia corporal.
Aceptar y respetar las diferencias, nos compromete a crecer y evolucionar como individuos y seres sociales, creando nuevos modelos de comunicación desde la unidad del ser y nuevas comunidades que dancen hacia una cultura de paz que mejore la comprensión y la calidad humana.
La verdadera condición humana, también se aprende y se enseña y nos permite completarnos como seres humanos e integrar la diversidad, como base de la unidad que somos.


Objetivos Generales

El Gimnasio del Hospital Nacional de Rehabilitación fue la sede del primer taller de Danza Integradora en silla de ruedas que dicté en 1991 y 1992.

En la Escuela Taller de Actores Titiriteros de Avellaneda creamos con su coordinador Elvio Villarroel en el año 1993, un Taller Integrado de Expresión Corporal, Danza Integradora y Títeres, para personas con discapacidad. Utilizamos distintas expresiones artísticas, a las que se sumaron en años sucesivos, plástica y experiencias con la música y la voz. Convencidos de que cada persona lleva en si, un mundo fabuloso y desconocido a descubrir y que el arte ofrece la posibilidad de que los seres humanos pueden descubrir los vínculos que universalmente los une, creamos un espacio esencialmente humano potencializando las capacidades de cada uno de los participantes.

Desde el año 1994, realizamos jornadas comunitarias y experiencias de integración con alumnos de CADEDIS (Casa del discapacitado de Avellaneda) y jóvenes de escuela secundaria, músico terapeutas, bailarines de contact, asistentes sociales y alumnos del profesorado de Expresión Corporal. Estas actividades abiertas a la comunidad, nos permitieron sensibilizar y concientizar sobre la temática de la discapacidad, tan poco tratada desde nuestra educación y los medios de comunicación.

Hemos hecho muestras de fin de año en el Teatro María Luisa Robledo, Teatro Roma y Plaza Alsina de Avellaneda y presentaciones de nuestro trabajo en distintas jornadas y congresos de arte y discapacidad, en el país, en Cuba y Uruguay.

En el Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca, la Danza Integradora comenzó en 1998, impulsada por la Dra. Liliana Araquistain, quien vislumbró el beneficio que esta actividad podría otorgarle a sus pacientes.

Dice la Dra. Liliana Araquistain: Soy jefa del Hospital de Día que funciona dentro del Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca, una modalidad de atención dentro de la rehabilitación.

En unas Jornadas de Rehabilitación que se hicieron en el hospital, bailaron al cierre de las mismas, Demián Ariel Frontera y Cecilia Cerantonio, miembros fundadores del Grupo ALMA. Fue tan bien recibida su presentación por autoridades de la Salud pacientes y personal del hospital, que a partir de ahí surge en mi, la idea de que esta actividad pudiera extenderse a mis pacientes. Con el aval del entonces Director del Hospital Rocca Dr. Vallarino, convoco a la directora del grupo Susana González Gonz, para comenzar con talleres de Danza Integradora en el hospital. En aquel momento yo estaba en la parte de internación, por lo que convocaba a los pacientes que estaban internados. Al principio venían solamente mujeres, ya que a los varones les daba vergüenza. Cuando comenzó a coordinar los talleres Demián Ariel Frontera, y ya instalada la actividad en el hospital, se acercaron más los varones al ver que quien coordinaba era un igual, tanto a nivel de la lesión, como en su calidad de hombre. Ahora ya no existe ese prejuicio, que si se es hombre no puede bailar. Puedo decir en referencia a los pacientes, que se observan gran cantidad de cambios, que ellos mismos expresan, porque es un momento muy especial. Esperan los jueves, y “soportan” todo lo que es la rehabilitación, de por si bastante tediosa en algunos pacientes, porque el jueves se van a encontrar con un espacio de placer y creatividad.

Desde el punto de vista de la plasticidad y del movimiento, los pacientes han mejorado mucho la postura, cosa no siempre lograda con los movimientos mecánicos y repetidos en el hospital de día. Esto se debe a que logran relajarse y al no poner el acento en su recuperación, incentivados por la música y el trabajo en grupo, logran ampliar la conciencia del cuerpo, aumentar el rango de sus movimientos, la flexibilidad y la coordinación, sin proponérselos. Manejamos la teoría de que al hacer algo que les gusta y que les resulta placentero, se produce una gran liberación de endorfinas. Esto mejora el humor, el estado de ánimo y ayuda a disminuir el dolor, ya que la liberación de endorfinas actúa como analgésica en la disminución del dolor y eso les permite una mayor independencia, un mayor desenvolvimiento y una mayor plasticidad. Estoy enamorada de este proyecto, por todo lo que representa en los pacientes.