Testimonios de participantes en "TPB"

Angie Maldonado 45 años. Maestra jardinera, profesora de Danzas Folclóricas.

Hace ya cinco años, debido a una mala praxis en mi segundo embarazo, tuve problemas en la coagulación de la sangre, por lo que me amputaron mis dos manos y mis dos pies. Estuve cuatro meses en terapia intensiva con escasas posibilidades de vida. Por milagro de Dios, mi niña nació perfectamente sana.
A partir de conocer la Danza Integradora, disfruto apasionadamente el hecho de bailar, Gracias al amor y el respeto transmitido por mi profesora Susana González Gonz y a su equipo de colaboradoras, puedo abrir mi corazón sintiéndome volar al danzar desde el alma!!!
El grupo de compañeros es indispensable para el crecimiento de cada uno ya que gracias a que somos individualmente distintos, podemos complementarnos para saborear el derecho que todos tenemos de bailar, complementándonos el uno con el otro. Me siento contenida emocionalmente por eso le bailo a la vida.
Como no agradecer esta posibilidad de volver a nacer ¡¡tengo la dicha inmensa de poder festejar doblemente mi cumpleaños : nací un 30 de noviembre y volví a nacer un 25 de septiembre¡¡.
Antes de lo ocurrido, daba clases de danzas folclóricas argentinas y después del accidente, creí que nunca más iba a poder bailar, ya que conocí en mi rehabilitación a muchos compañeros de distintas profesiones que después de su accidente se quedaron tirados en una cama viendo pasar la vida.
Agradezco infinitamente el espacio único que se nos brinda cada sábado en los talleres de Danza Integradora donde comencé bailando atada a una silla de ruedas, luego sin atarme, sin los posa brazos, en colchonetas, y actualmente con prótesis, sostenida en mis nuevos pies. Bailo con todo mi ser, disfrutando la alegría de estar viva!! como un milagro irrepetible, con la certeza de pertenecer a un grupo de gente maravillosa con la que puedo compartir la felicidad de bailar con el alma encendida. Realmente cuando bailo siento que le canto a la vida.

Graciela Ojeda 56 años. Bioquímica.

Me ha impactado profundamente participar de las clases de Danza Integradora, ya que en cada clase, la actividad crece gradualmente desde el trabajo individual, para conectarnos con nosotros mismos, descubrir que somos “UN CUERPO” y así paso a paso iniciamos en el trabajo con un compañero para terminar en una danza maravillosa. Se genera un espacio seguro donde todos, con o sin discapacidad, podemos expresar libremente nuestras emociones, conocernos y ser creativos en nuestros movimientos individuales y grupales. Cuando nos comunicamos con otra persona desde el cuerpo, desde el ”SER”HUMANO que somos, desde la humildad de sentirnos vulnerables, imperfectos, incompletos, tan necesitados de ese “Otro”, dejando de lado el orgullo intelectual, las jerarquías profesionales, las creencias y cualquier otro encorsetamiento, es cuando más rápidamente se establece esa “Comunicación especial”. La Danza se transforma en una experiencia mágica, milagrosa, feliz, que resuena en mí toda la semana. Me enseña a tener una nueva manera de comunicarme en todas las áreas de mi vida, a tener una actitud nueva desde un lugar recientemente descubierto: mi cuerpo, mi SER.

Franco Omelet 25 años. Estudiante de Ciencias Políticas

Yo nací con parálisis cerebral por complicaciones en el parto, por eso me traslado en una silla de ruedas. Hablo desde mí, desde toda mi diversidad, mi cuerpo, mi identidad, mis dolores, mis placeres y mis gustos. No pretendo ser representante de LA DISCAPACIDAD (porque discapacidades hay miles, visibles e invisibles).

Sólo quiero escribir para hacerles ver a miles de personas, cuántas veces limitan más de lo que liberan o ayudan, porque sólo ven la discapacidad, si es que se animan a verlo. Soy amante de la política y tengo gran pasión por todo lo que me gusta, en todo pongo el alma, no me gusta la palabra: “no“, siempre voy por más. Disfruto de leer un buen libro, ver películas, escuchar música, cantar y pintar adoro los deportes y escribo para descargar mis emociones. Todo lo que soy no se ve, porque el que se cruza conmigo, por sus prejuicios y sus miedos, lo único que ve es mi discapacidad. Todo en esta sociedad está centrado en la perfección del cuerpo, a los que viven su cuerpo de una manera distinta a la establecida, se los excluye o se los trata como pobrecitos, seres inválidos, sin valor. Todos, cuando salimos a la calle con nuestra silla de ruedas, sin ver, o con alguna otra forma de discapacidad nos sentimos mirados raro o con lástima. Claro! la gente mira nuestros cuerpos, pensando tal vez que es una suerte no estar en nuestra condición, tienen tanto miedo que no se atreven a cuestionar verdaderamente a nuestros cuerpos. Esta sociedad está obsesionada con hacer desaparecer la discapacidad y es así que nos someten a rehabilitaciones mecánicas y compulsivas, a operaciones sin otro sentido que cambiar el cuerpo para que se vea mas de acuerdo a las normas del cuerpo perfecto, sin pensar en la vivencia que cada persona discapacitada tiene de su propio cuerpo.
Desde que comencé con las clases de DANZA INTEGRADORA, hace apenas un año, muchas cosas han cambiado. Aunque no me siento bien en mi propio cuerpo, porque hay partes de él que no siento, que no me gustan, que duelen, o que faltan, llorando por esas partes del cuerpo que siento tan ajenas, aprendí a respirar mejor, a aceptar ese cuerpo con el que aprendí a convivir, porque me lleva por la vida haciendo lo que amo. Cambié la forma de verme a mí mismo. La Danza me enseñó a sortear esa extrañeza que siento estando en mi propia piel, para viajar hacia otro cuerpo que es mi cuerpo espiritual. Mientras bailo soy lo que siento ser y mi cuerpo es el que yo quiero que sea, siente todo y puede cada vez más. Por eso, espero cada sábado, para encontrarse conmigo mismo, con mi discapacidad y mis capacidades, agradecer y reconciliarse con lo que me atormenta de mi cuerpo.

Liliana López

Hace 33 años que sufro de artritis reumatoidea, habiendo sido deportista hasta mis 18 años, cuando comenzó mi enfermedad. En ese momento mi mundo cambió y se limitó en muchas cosas, por lo que tuve que aprender a vivir de otra manera, aceptando lo que tengo, lo que me limita, pero agradeciendo todo lo que puedo hacer, y entre esas cosas, haber llegado a Danza Integradora. Puedo decir que he recuperado sensaciones que en mas de 30 años, había dejado de experimentar, conectarme con compañeros de igual a igual, aunque bailen mejor o tengan mas o menos dificultades del tipo que sea y lograr movimientos y deslizamientos, que yo siento como que estoy volando en un mundo imaginario. Me adentro tanto en esas dos horas de clase que el afuera deja de existir. Estoy yendo a los talleres desde el 2009 y sigo espero cada sábado para recargarme de energía positiva.

Miguel Bisceglia

Tengo 55 años, soy instructor de informática para personas ciegas adultas mayores ciego total, con una discapacidad motriz parcial en mi pierna izquierda. En mi primer clase de Danza Integradora, sentí la primera emoción cuando pude estar parado por más de una hora, sin la ayuda de mi bastón de apoyo y encima moviéndome y golpeando el piso con mis pies. Esa mañana de ese sábado, nacía en mí un nuevo mundo de sensaciones y emociones que brotaban de lo más profundo de mi ser y que nunca antes había sentido. Estoy aprendiendo a conectarme con mi cuerpo, con mis partes dañadas y dolidas de mi pierna y de mi brazo. Es algo completamente diferente de toda mi etapa de rehabilitación en la que los ejercicios eran rutinas y sistematización de movimientos.

Ahora estaba envuelto por la magia que da aprender a tocarse, quererse y sentirse, algo más sólido y fuerte “Sostenido” contenido y hasta protegido en ese grupo al que ahora me siento integrado y con pertenencia. “Reconocerme”, sentir cada parte de mi cuerpo, haberme dado cuenta que no le había dado la atención que merecía, de una convivencia con un cuerpo dañado, olvidado, sufrido, golpeado, abandonado, del que nunca me había ocupado. Ahora aparecía en mi, un deseo enorme de mimarme, ayudarme y de querer ayudar a cada parte de mi cuerpo; brazos, piernas, cuello cabeza, manos, que vayan sabiendo que los quiero ayudar para que ellos me ayuden a mi a vivir mejor. Cuando me di cuenta de cuán postergado y postrado me tenía, algunas lágrimas contenidas decidieron salir y luego muchas risas, sonrisas y alegría que no conocía. Se que ya no quiero tener menos o restas, o sustracciones. Solo sumar y sumar. Este es un gran grupo de esperanzas, del que tengo un profundo Agradecimiento.

Victoria Lagos, 28 años, alumna del UNA. Voluntaria del proyecto Todos Podemos Bailar. Educadora popular. Promotora de Derechos Humanos y Salud comunitaria.

El primer encuentro con la Danza Integradora me conmovió profundamente. El ambiente que se planteó desde el principio le dio un marco que trasciende el espacio académico; nos situamos desde un lugar muy íntimo y “común”. Común porque compartimos la magia de lo cotidiano humildemente y con integridad: DANZANDO. Danzar desde otro lugar, estaba allí el ser humano. Se dio en mí una apertura desde otro sitio, con otra mirada; más amorosa y sincera. Medité mucho sobre la condición humana, sobre qué es ser humanos; cómo construimos día a día nuestra humanidad. Es en el arte donde se expresa, a mi entender, la más bella capacidad humana: la de crear y creer; la de transformar y humanizar. Sentí la dignidad de los seres humanos; ésa que se refleja en los vínculos que establecemos. Creo que la Danza Integradora es un arte humanizante por excelencia; que nos compromete con los derechos humanos y con la vida. Aquí danzar es también Dar… ¿Cuánto damos de nosotros mismos a este mundo? Y aquí es donde aparece la Identidad. La identidad nos hace particulares, únicos, pero no estamos solos, necesitamos de otros… ¿cómo nos vincularemos con los otros? A través de la Integración, del respeto, de la escucha, y por qué no, del amor. La Danza Integradora contribuye a la educación para un hombre y una mujer nuevos, en un mundo nuevo. Porque creo firmemente en la capacidad del ser humano de crear, construir, cambiar, transformar, es que me comprometo con todo mi ser, con todo mi cuerpo, en este proyecto; en esta actitud vital que me exige ser parte y que implica un acto de amor. Este sentido de compromiso se actualiza todos los días de mi vida.

Adriana Reinozo, Prof de Expresión Corporal, Coordinadora de los talleres de Danza Integradora del Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca. Pertenece al equipo del Voluntariado y participa de los talleres de Danza integradora, desde sus inicios.

Cada clase es como volar, es sentir un vuelo a la inmensidad, a la libertad de ser uno, consigo mismo y con el otro. A partir de la vivencia, la emoción abre esos cajones cerrados de los distintos recuerdos que me transportan y me transforman dándome alas para volar. Algunas veces se borra el dolor o la tristeza que alguna experiencia ha dejado. Todo se vuelve diferente, nuevo, agradable y hasta divertido.

Reconozco mis límites, pero intento todas mis variables y todas mis posibilidades, mirando otros cuerpos, colores, otras formas, otros tiempos que antes no conocía, o no podía ver. Mi experiencia con la Danza Integradora es una actividad sanadora, además de artística y educativa, porque sana heridas y huellas del alma. He aprendido de la sencillez, la claridad en los conceptos, el entusiasmo, y el compromiso con la tarea, a afrontar la vida con las experiencias que ella nos pone cada día, a superarme y aceptarme como soy y a valorar lo que hago, mas allá del resultado. Hoy me siento feliz de ser quien soy!!!!!!!!!!!!!!

Maria José Benitez Coll.

Desde el 2010 estoy en silla de ruedas por un accidente de auto.
Soy directora de un centro de técnicas corporales.
Llegué a Danza Integradora con la intención de encontrarme con mi DISCAPACIDAD, y desde allí volver a bailar. Pero cada clase que asisto no hago más que encontrarme con mis CAPACIDADES, Capacidad de disfrutar, de entregar, de sostener, de confiar, de reaprehender, de reír y sobre todo capacidad de AMARME TAL COMO SOY y desde allí AMAR AL OTRO. Cada encuentro con mis compañeros es la posibilidad de descubrir en ellos, cada vez más CAPACIDADES, ellos me demuestran la CAPACIDAD DE SER FELIZ. Y así... inducidos por la música, el juego, la conciencia, la reflexión, la tranquilidad de sentirnos cuidados y dirigidos, nos descubrimos de golpe cantando y bailando con todo lo que creíamos dormido en nosotros. DESPERTAMOS A LA VIDA.....Y yo... con mi paraplejía...VOLVI A BAILAR.